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BITÁCORA DE RAFAEL HIDALGO

sábado, 22 de julio de 2017

Pensar o imitar, he ahí la cuestión



"La mejor razón para un resurgir de la filosofía es que, a menos que un hombre tenga una filosofía, le ocurrirán cosas horribles. Será práctico; será progresista; cultivará la eficiencia; confiará en la evolución; realizará el trabajo que tenga más a mano; se dedicará a los hechos, no a las palabras.
Así, derribado por un golpe tras otro de ciega estupidez y fortuito destino, andará dando tumbos hasta una muerte miserable, sin otro consuelo que una serie de reclamos, tales como los que catalogué antes.
Todo eso no es más que un simple sustituto de los pensamientos. En algunos casos son los apéndices y los últimos extremos de los pensamientos de otro.
Eso significa que un hombre que se niega a tener su propia filosofía no tendrá siquiera las ventajas de una bestia bruta, que vive según su instinto. Sólo dispondrá de los restos usados de la filosofía de algún otro; y eso es algo que las bestias no se ven obligadas a heredar; de ahí su felicidad.
Los hombres siempre tienen una de estas dos cosas: o una filosofía completa y consciente, o la aceptación inconsciente de los pedacitos rotos de alguna filosofía incompleta, destrozada y a menudo desacreditada..."

Chesterton, El restablecimiento de la filosofía. ¿Por qué?

viernes, 7 de julio de 2017

Buenos no tan buenos en "Animales fantásticos y dónde encontrarlos"




El otro día vi Animales fantásticos y dónde encontrarlos. No voy a hacer una valoración de la película; me entretuvo, que no es poca cosa. Pero sí voy a hacerla sobre el comportamiento de los magos. -Aviso, a partir de este momento se destripan algunos elementos del argumento-.

Vamos a ver, los magos tienen un grave problema porque una fuerza maligna fruto de la frustración de un mago amenaza con revelar la existencia del mundo mágico y, además, presentarlos como seres malvados. Para más Inri un joven que porta una maleta con un cierre pésimo va perdiendo bestias mágicas allá por donde va, con lo cual se suceden las calamidades.

En la resolución de estos problemas y de alguno más les ayuda un señor que no es mago, llamado Jacob Kowalski, quien se juega la vida como el que más con el inconveniente de que ni siquiera tiene poderes mágicos y el mérito añadido de que obra de forma absolutamente desinteresada.

El citado caballero se enamora de una maga, Queenie Goldstein, quien le corresponde desde el primer instante.

Pues bien, después de contribuir de modo extraordinario a la resolución de los graves problemas que aquejan a los magos, la presidenta de éstos decreta que al bueno de Jacob le borren de la memoria todo lo vivido en los últimos días. Es decir, el momento de su vida en que ha dado la verdadera medida de sí mismo (mostrándose como un héroe) y ha tenido la experiencia del amor verdadero. Y sus amigos magos, muy tristes, eso sí, dejan que Jacob cumpla obediente esa orden exponiéndose a una lluvia "borra-recuerdos".

A ver, a mí me parece infame. Han privado a ese hombre de lo más valioso que poseía. Que sí, que luego le facilitan plata para que pueda montar una pastelería, pero ni huella de lo que ha sido y de lo que ha podido ser. Y sobre todo, ni rastro de su experiencia con la amada.

En La vida es sueño de Calderón de la Barca llega un momento en que Segismundo ya no sabe si es un vulgar preso o un príncipe, si lo que vive es sueño o realidad, pero afirma lo siguiente:

"Sólo a una mujer amaba
que fue verdad, creo yo,
en que todo se acabó
y esto solo no se acaba".

Es decir, en medio del mar de dudas en que se halla inmerso sigue teniendo una seguridad de la que no le han podido privar, su amor por Rosaura. Sin embargo los magos de marras van más lejos, y están dispuestos a privar al bueno de Jacob de lo más valioso, su amor por Queenie. Que lo consigan o no ya es otra cosa. No sé si dirán algo en la siguiente parte. De momento mal, muy mal, chicos. (A Queenie la dejamos aparte porque parece que no se resigna. No cuento más).

Un don excepcional (película recomendable)




Sorpresa. Grata sorpresa. Eso es lo que me he llevado después de ver en compañía de cuatro damas a un paso de la adolescencia la película Un don excepcional. Y no es que se trate de una película infantil, es una película adulta y apta, eso sí, aunque la trama gira en torno a una niña muy singular.

Mary es una chica de siete años, hasta ahí nada de particular, lo singular viene ahora, y es que es superdotada. Su madre, afamado genio de las matemáticas, también lo era, pero ya no vive. Por eso Mary está al cuidado de su tío Frank (guaperas, soltero, sereno, inteligente, con un punto de lobo solitario; vamos, que pienso que al menos el público femenino no le hará demasiados ascos al personaje, lo cual está bien).

Cuando Mary acuda a la escuela por primera vez saldrá a la luz su singular talento, y a partir de ese momento comenzarán los problemas.

No cuento más para no chafarla. Eso sí, aquí van dos apuntes:

Primero: la trama no decae en ningún momento. Es ágil sin precipitaciones, lo cual es muy de agradecer.

Segundo. Me quedo sin duda con la interpretación de la pequeña Mckenna Grace, quien hace el papel de Mary, la niña superdotada. Impresionante. Inmejorable. Se sale.

Una película muy recomendable para este verano. Por cierto, para mi sorpresa eramos los únicos que estábamos en la sala, de modo quien quiera verla no debería bajar la guardia.

miércoles, 5 de julio de 2017

Apuntes a vuelapluma sobre filosofía (o algo así)




1.- Esta tarde he estado en la biblioteca pública consultando libros sobre filosofía, y he podido constatar el esfuerzo de muchos autores por hacerla accesible, comprensible, cercana, visual, placentera.

Hoy, quien se interese de verdad por la filosofía, tiene medios más que suficientes para adentrarse en ella. Más masticado, difícil.



2.- Mientras preparaba una tortilla de patata para la cena me ha dado por pensar en los eleáticos, Parménides y compañía. Los miramos desde nuestra atalaya histórica y nos parecen un tanto ingenuos. ¿Cómo explicar el cambio? No hay cambio. Asunto zanjado. Claro, que sus planteamientos tenían su intríngulis, porque todavía le estamos dando vueltas a sus respuestas (¡y a sus preguntas!).

En todo caso, hoy andamos en situación pareja a propósito del sentido (es decir, del ser de la realidad, su consistencia). ¿Cuál es el sentido del mundo, de la realidad, de nuestra propia existencia? No lo tiene, respondemos. Asunto resuelto. Encontramos sentido a la carencia de sentido.Todo es ficción, fantasía, espejismo, alucinación... También lo era el movimiento para Zenón, pero cuando le disparaban una flecha se agachaba, por si las moscas.



3.- Me estoy leyendo Patria, de Fernando Aramburu. A Bittori le han asesinado al marido los de ETA y como consecuencia de ello se ha vuelto atea. Siempre que puede acude al cementerio y se sienta a hablar con su difunto esposo para contarle "sus cosas" y recriminarle unas cuantas.

Creer en lo que no se ve. Hablar con quien no está materialmente presente. Pensar que hay vida más allá de ésta.

¿Ha dejado de creer o está disgustada con Dios?

viernes, 23 de junio de 2017

3 temas (filosóficos) para pensar en verano




El verano se nos ha echado encima (¡Y de qué manera!)

Para que no todo sea sudor y playa, os propongo tres cuestiones filosóficas para la reflexión y el debate. ¿Quién dijo miedo?

domingo, 18 de junio de 2017

Y sin embargo... (crítica de la película "Ignacio de Loyola")




He de reconocer que a las películas de temática religiosa les pido más que a las "otras". A fin de cuentas no aspiran simplemente a entretener, sino que se supone que plantean ciertas cuestiones que atañen al significado profundo de la realidad. El reto es mayor y la respuesta debería serlo, y ello sin dejar de cumplir su misión de entretenimiento y calidad, cosa que a veces se olvida. "La película tenía un gran mensaje..."; sí, pero si es un ladrillo a mí no me vale.

En el caso de "Ignacio de Loyola" he de decir que en principio no tenía el menor interés por la misma. Ya había visto el trailer y no me llamaba especialmente. Así que no me preguntéis por qué he sido yo quien ha propuesto a mi amigo acudir al cine esta tarde, no tengo la menor idea.

Pero ahí que nos hemos metido, en la tercera fila, fresquitos y cómodos. Y ha empezado la proyección. La miraba con ojo crítico, lo confieso. ¿Será una superproducción? ¡Eso espero!, me he gastado casi ocho eurazos en la entrada.

Mal empezamos, el doblaje del protagonista no me convencía. Me daba la sensación de que tenía que esforzar la vocalización perdiendo frescura. ¿Por qué no habrían cogido al doblador de alguno de los secundarios? Y sin embargo...

Llega la batalla de Pamplona en la que Íñigo sufre una herida que lo dejará cojo. Los efectos especiales tal vez hubieran sido válidos en los ochenta o noventa, pero ahora...

Me empezaba a incomodar todo. Esas ropas, como si la gente vistiera de bonito a todas horas, con las joyas puestas de diario, y los uniformes sacados de un cuadro pero no de un campo de batalla polvoriento. Y sin embargo...

Y sin embargo, cuando todo parecía perdido; cuando me preguntaba por qué diantres se me había ocurrido a mí proponer esa película, ha sucedido algo. La historia ha comenzado a ganar en espesor e interés. El tormento de Íñigo con su vocación castrense truncada, su búsqueda de sentido, la agitación de su conciencia, el cambio de vida. Al análisis crítico ha empezado a sucederle la empatía con lo que allí se narraba. Iba cobrando una consistencia cada vez mayor. La película mediocre se esfumaba dando paso a un gran relato.

Y esa ascensión ha proseguido hasta el momento en que se describe la insoportable tentación del protagonista mortificado por el Acusador. Ahí el director y guionista Paolo Dy ha tenido la audacia de escenificar el duelo de una manera simbólica y eficaz, sin complejos, sin miedos, sin esconder nada. Sin duda ha acertado plenamente. En ese momento se me ha ganado definitivamente, consiguiendo que la inicialmente modesta cinta se transforme en una gran película.

Porque si una gran obra se reconoce en tanto que después de pasar por ella ya no eres el mismo, "Ignacio de Loyola" es una gran obra. No oculta, no disimula lo que es, no silencia, habla, y habla de lo que tiene que hablar, de la vida de un santo en una época con sus propias dificultades y contradicciones. Un santo que se encuentra con Dios y ya no vuelve a ser el mismo, pero para ello ha tenido que pasar la prueba del fuego.

Señor Paolo Dy, tenga por seguro que estaré atengo a sus futuras propuestas. Esta me parece argumentalmente muy recomendable.

sábado, 17 de junio de 2017

Cumpliendo un encargo de mil amores



El maestro José Santos Nalda Albiac me pide que inserte el siguiente texto en su nombre, consecuencia del reencuentro con cuatro de sus viejos alumnos. De mil amores vuelco su texto y fotos:

"Una de las grandes alegrías que he recibido en mis años de enseñar Aikido es la sincera amistad de estos cuatro aikidokas de los "primeros tiempos del Aikido en Zaragoza" El aprecio y el afecto es mutuo, ha valido la pena conocernos y compartir juntos el sudor y la ilusión de muchos entrenamientos. Os doy un gran abrazo junto con mi reconocimiento por vuestra amistad."


martes, 6 de junio de 2017

Darwin y el eslabón perdido




Lo hemos encontrado. Sí, sí, por muy sorprendente que resulte lo hemos encontrado. Por fin, el eslabón perdido entre el primate y el hombre ¡y vivo!

jueves, 11 de mayo de 2017

Un vídeo maquiavélico




Es lo más maquiavélico que he hecho nunca, lo confieso...

viernes, 5 de mayo de 2017

Unas películas para disfrutar ¡despierto!




Y aquí diez recomendaciones de películas con "chicha" y "limoná". Espero que os guste la sugerencia.

jueves, 20 de abril de 2017

Secretos, filosofía, regalos ¡y enajenación mental!



Desvelamos el inconfesable secreto de Jenofonte, el discípulo exiliado de Sócrates. ¡Y además repartimos premios!

Esto no es filosofía... ¡¡¡ES LOCURA!!!

viernes, 7 de abril de 2017

Nuestro futuro depende de nuestro pasado



La Asamblea Nacional Constituyente, formada por diputados de toda Francia, consumó a finales de 1791 la que sería la carta magna del país. En ella se fijaba, por ejemplo, la proporción de representantes que cada departamento había de tener en el poder legislativo. La nueva constitución establecía quiénes eran ciudadanos franceses; a saber: los nacidos en Francia de padre francés, los nacidos en Francia hijos de extranjero que hubieran fijado su residencia en el país, y los hijos de franceses nacidos en el extranjero que se asentasen en el país e hicieran el juramento cívico.

En el último de los artículos se decía claramente que "las colonias y posesiones francesas en Asia, África y América, a pesar de que formen parte del imperio francés, no están incluidas en la presente constitución".

Un par de décadas después, y en plena guerra contra los ocupantes franceses, las Cortes de Cádiz aprobaban una constitución para España. En su artículo número 1 se decía: "La Nación Española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios". A partir de ahí se establecían en régimen de igualdad las obligaciones y derechos que todos los españoles (es decir, los de América y los de España) tenían.

Pero ello no era pura retórica; las Cortes españolas contaban con representantes de los virreinatos de Nueva España, Perú, Nueva Granada, Buenos Aires, y por cada una de las Capitanías Generales, Cuba, Puerto Rico, Guatemala, Chile y Venezuela. Algo absolutamente impensable en otras naciones europeas.

No era sino el reconocimiento de una realidad que venía desenvolviéndose al menos desde tiempos de Carlos V, la llamada Monarquía Católica.

Ironías de la Historia, la crisis de legitimidad que había comenzado con el motín de Aranjuez, se agravaría con las disputas internas desatadas a partir de la ocupación francesa llevando a los territorios americanos a su escisión y fragmentación.

Esta es nuestra Historia y desde ella deberíamos proyectar nuestro futuro.

domingo, 2 de abril de 2017

¿Quién da más?




300 espartanos se batieron con los persas en las Termópilas.

2.000 náufragos se han suscrito al canal de Youtube.

10.000 griegos nos acompañan en este último vídeo.

¿Alguien da más?

¡Bienvenidos a bordo, polizones!

martes, 21 de marzo de 2017

Carta a Fernando Savater



Estimado don Fernando:


Me incomodó, lo reconozco. No porque difiriera de una opinión mía o me sintiera personalmente herido, nada más lejos de la realidad, sino porque aquella reflexión me pareció un recurso banal, una justificación pobre, vacua, falsaria, claramente inferior a las exposiciones del resto del libro (en tantos aspectos magnífico). Disculpe mi sinceridad, pero es así.

"Cuando logra sobreponerse a la desesperación -escribía usted en Las preguntas de la vida-, el ser humano constata que no menos cierto que va a morir es que ahora está vivo. Si la muerte consiste en no ser ni estar de ningún modo en ninguna parte, todos hemos derrotado ya a la muerte una vez, la decisiva. ¿Cómo? Naciendo. No habrá muerte eterna para nosotros, puesto que estamos ya vivos, aún vivos. Y la certeza gloriosa de nuestra vida no podrá ser borrada ni obnubilada por la certeza de la muerte. De modo que tenemos derecho a preguntar, como en el libro sagrado: “Muerte, ¿dónde está tu victoria?” Podrá la muerte un día impedir que sigamos viviendo, nunca que ahora estemos vivos ni que hayamos ya vivido. Puede convertir en ceniza nuestro cuerpo, nuestros amores y nuestras obras, pero no la presencia real de nuestra vida. ¿Por qué debería la muerte futura restar importancia a la vida, cuando la vida presente se ha impuesto ya a la oscura muerte eterna? ¿Por qué debería contar más para nosotros la muerte en que no somos que la vida que somos? Cada cual puede repetir, con el poeta Lautréamont: «No conozco otra gracia que la de haber nacido. Un espíritu imparcial la encuentra completa»”.

Olvidaba, don Fernando, que sólo muere lo que ha estado vivo (o quien ha estado vivo), no una entelequia o un posible inexistente, y que precisamente el drama de la muerte consiste en la privación de algo tan valioso como la existencia real. Vivir es proyectar, querer ser más, arrojarse hacia el futuro, pero esa posibilidad de futuro es lo que sesga el hecho de muerte; ahí radica el drama. No hay drama en quien nunca llegó a ser.

Además, usted dejaba de lado un elemento capital, a saber, la privación de aquellos a quienes queremos. Somos nuestros amores, y el arrebatamiento de éstos supone nuestra mutilación. Tal vez una implosión vital que nos desfigure hasta el punto de hacernos irreconocibles para nosotros mismos.

Vivir es una victoria, desde luego, pero vivir para qué si nuestra vida pierde sentido, se vuelve insustancial, vacía. ¿Qué victoria hay en ahogarse en el absurdo?

A propósito de la pérdida de su esposa Lolita escribía don Julián Marías:

"Desde aquel día me dominó, hasta físicamente, una opresión insuperable; no podía respirar. Se habían borrado los colores, la significación de las formas. (...) 
El tiempo sigue. El tiempo, no propiamente la vida, la mía había terminado (...).
Alguna vez se me ocurría, como una mala tentación, la sospecha de que pudiera vivir un tiempo considerable, algunos años, y la perspectiva me parecía aterradora. (...)
Sentía que mi casa no lo era propiamente, era la suya, y se me había vuelto, a la vez, lejana e irrenunciable...
Lo más atroz que me pasaba es que quería menos a todas las personas queridas. Cuando me di cuenta me pareció aterrador; y lo entendí muy bien: quería con la mitad de mí mismo, con una mutilación radical que alcanzaba lo más hondo de la persona".

Sé que usted entiende muy bien esta confesión de Marías. Lamentablemente, y lo digo sintiéndolo de corazón, no le es ajena. El pasado 18 de marzo escribía usted en El País:

"Hace tiempo que las cosas de mi mundo se van difuminando, pierden sustancia. Los libros siguen presentes y tentadores, pero al abrirlos algo ha drenado su savia hasta dejarlos huecos, exánimes. Las películas nuevas son peores que las antiguas, las antiguas peores de lo que las recordaba: sentado ante el televisor con desasosiego ya no siento la expectativa feliz porque ahora nadie apoya sus pies en mi regazo. Se fue el disfrute... Y los sitios que recorrimos juntos están hoy cubiertos de sudarios, como esas sábanas que tapan las formas incómodas de los muebles en una casa abandonada. Los platos más sabrosos, crujientes, aromáticos... comienzan a deleitarme la boca pero luego adquieren insipidez y amargura de ceniza. Llega el infierno y se revela mi condena, la más atroz: creer que estoy vivo y que es ella la que ha muerto. Hoy hace ya dos años".

La victoria sobre la muerte no está en "haber vivido", sino en "seguir viviendo uno mismo", y en ese "uno mismo" se implica necesariamente a los otros a quienes amamos. Se nos hace impensable que hayan quedado aniquilados, que no podamos hablar con ellos, aunque sea con el pensamiento, contar con ellos, proyectar junto a ellos, mirar con sus ojos. De alguna forma están en nosotros, pero no confundiéndose con nosotros mismos, pues no se trata de un acto de narcisismo sino todo lo contrario, de altruismo, de gravitación en torno al otro.

Y ahora viene lo bueno, pues no escribo para recriminar y menos en una cuestión como esta, sino para algo bien distinto. Estamos hechos a la medida de la perdurabilidad; de la esperanza contra toda amenaza de acabamiento. Tenemos hambre de eternidad. Decía Aristóteles que la naturaleza no hace nada en vano. ¿Y si la naturaleza obedece a un propósito superior? ¿Y si esa rebelión que sentimos ante la muerte no es sino la constatación de que, efectivamente, estamos aquí para algo más que asomar y desaparecer?

Hubo alguien que dijo "a quien mucho ama, mucho se le perdonará". Tropezamos, caemos, andamos desorientados, pero tal vez ese individuo que dijo no hablar en su nombre sino en el de alguien que le enviaba tenga la respuesta. Lo que sucede es que para escucharla tenemos que volver a ser como niños y hacernos pequeñitos, pues la puerta es estrecha, como la de las tiendas de Imaginarium, y la única forma de entrar es agacharse y gatear. Se lo digo porque yo todavía ando dándome cabezazos. He intentado muchas veces pasar de pie y tengo la frente llena de chichones (y lo que te rondaré, morena). Consejos vendo para mí no tengo.

No lo entretengo más. Le deseo de corazón lo mejor del mundo.

Con afecto y admiración le envío un gran abrazo desde Zaragoza, donde tiene su casa.

Rafael Hidalgo


domingo, 12 de marzo de 2017

Me han secuestrado (Galdós, ¡culpable!)



Entro en éxtasis (valga el oxímoron). Estoy en otro mundo tan vivo y verdadero como éste. Llevo unos meses leyendo la primera serie de los Episodios Nacionales de Galdós y he llegado a la conclusión de que novelar después de don Benito es enredar. ¿Para qué escribir cuando alguien ha llegado a la cumbre?
Con veinte años los leí por primera vez y todavía recuerdo cómo me iba escondiendo por los rincones de la casa para que no me llamaran la atención por mi adicción a aquella obra. Madre, no era estreñimiento, no, que era la lectura lo que me tenía encerrado en el baño.
Qué descripción de personajes, qué viveza, qué exposición de sus luchas y debilidades, de sus cambios en función de circunstancias y vivencias.
No me resisto a transcribir un fragmento del Episodio titulado "Juan Martín el Empecinado". En el mismo un cura fiero y sanguinario llamado mosén Antón, que lidera una partida de guerrilleros, cuenta al protagonista la celebración de la última misa que dijo en el pueblo antes de echarse al monte. No tiene desperdicio:
"Estalló la guerra. El día en que llegó a Botorrita la noticia de los sucesos del Dos de Mayo, me puse furioso, me volví salvaje. Salí a la calle, y entrando en casa de un vecino empecé a dar gritos, por lo cual me llevaron en triunfo... ¡Ay, qué día! Compré un trabuco y me ocupé en disparar tiros al aire, diciendo: 'Ya cayó un francés... allá va otro...'. Pasó un mes, y un domingo del mes de Junio yo estaba en la sacristía vistiéndome para salir a la misa mayor, cuando el sacristán me dijo que acababa de entrar en el pueblo D. Juan Martín Díez, a quien yo conocía, con una partida de gente armada para defender la patria... Me entró tal temblor, tal desasosiego, que empecé la misa sin saber lo que hacía... el latín se me atravesaba en la boca y me equivocaba a cada instante. Como el monaguillo me advirtiera mis equivocaciones, le di un bofetón delante de los fieles.
»Dicho el Evangelio subí al púlpito para predicar a punto que muchos hombres de la partida de Juan Martín entraban en la iglesia. Mi plan era hablar del Espíritu Santo; pero no me acordaba de lo que había pensado y dije a los botorritanos: 'Hijos míos, San Juan Crisóstomo en el capítulo veinte y nueve escribe que Napoleón es un tunante... Sed buenos, no cometáis pecado. Napoleo precitus est. No se debe robar, porque el demonio os llevará al infierno, así como Napoleón se ha llevado a Francia a nuestro rey... ¿Quiénes son esos valientes macabeos que entran en el templo de Dios, armados de guerreros trabucos, cual los hijos de Asmoneo? Benditos sean los soldados que vienen con su tren de escopetas y navajas, como Matatías, cuando marchó contra Antíoco Epifano. ¿Y quién es aquel belicoso Josué que ahora entra por la puertecilla de las Ánimas? ¿Quién puede ser sino el santo varón de Castrillo de Duero, que va a Gabaón en su jaca negra, para vencer a Adonisedec rey de Jebús? Celebremos con cánticos la caída de las murallas de Jericó, al son de los bélicos cuernos y de las retumbantes castañuelas'.
»Y en este estilo, seguí ensartando disparates. Yo no sabía lo que predicaba. El pueblo y los guerrilleros se volvieron locos y con sus patadas y gritos atronaron la iglesia. Seguí mi misa... ¡Ay!, cuando consumí no supe lo que hice: no respondo de haber tratado con miramiento al santo cuerpo y a la santa sangre de Nuestro Señor... El cáliz se me volcó. Durante el lavatorio, el monaguillo entusiasmado se puso a dar brincos delante del altar... Yo no cabía en mí y los pies se me levantaban del suelo. Todo cuanto tocaba ardía, y hasta dentro de mí creí sentir las llamas de un volcán. Cuando me volví al pueblo para decir Dominus vobiscum, alcé los brazos y grité con toda la fuerza de mis pulmones: ¡Viva Fernando VII, muera Napoleón!... Juan Martín subiendo precipitadamente al presbiterio me abrazó, y yo por primera y única vez en mi vida me eché a llorar. El pueblo aplaudía, llorando también.
»Un momento después, yo había ensillado mi caballo y seguía la partida de Juan Martín".

jueves, 2 de marzo de 2017

Oscurantistas y jueces

A menudo se nos presenta la Edad Media como un tiempo oscurantista e ignorante donde el fanatismo ahogaba cualquier atisbo de conocimiento. Edad Oscura, llamó Petrarca al periodo que media entre la caída de Roma y el año mil. Luego esta visión sombría se extendió hasta las puertas del propio Renacimiento. Todo era penumbra, miedo, acechanza.

Y en el centro de ese tiempo tenebroso una institución cobra protagonismo, y con él culpabilidad, la Iglesia Católica. Ella es la responsable del atraso, de la persecución de las ideas y de la ciencia, la defensora de los opresores frente a los oprimidos, la maestra de la mentira. Al menos desde la Ilustración hasta nuestros días estas ideas se ha ido afirmando con fuerza hasta el punto de ser un lugar común que no necesita justificación.

Es verdad que la Iglesia tuvo poder, y donde hay poder menudean los abusos (para ver eso no hay que irse a la Edad Media), pero ¿cómo ha llegado hasta nosotros la cultura clásica? ¿Quién escribía letra a letra (o más bien dibujaba) los libros con textos griegos y romanos dedicando las horas del “labora” a tan ardua faena? Seguramente elfos de los bosques ocultos a la mirada pérfida de los religiosos, no hay otra explicación.

“Es inútil decir que todos los problemas de la Europa moderna, tal como los sentimos hoy, se forman en el Medievo: de la democracia comunal a la economía bancaria, de las monarquías nacionales a la ciudad, de las nuevas tecnologías a las revueltas de los pobres: el Medievo es nuestra infancia a la que debemos volver para hacer la anamnesia”. Esto escribía Umberto Eco hace ya algunos años, pero seguramente hablaba desde su ignorancia. Qué sabía él de la terrorífica Edad Media. Si nosotros le contáramos…

Somos afortunados. Nos hallamos en la cresta de la ola, libres de prejuicios, o casi, porque todavía quedan atisbos de mojigatería por sofocar. No tememos a la verdad, si es que ésta existe, porque la verdad en el fondo es el imperio nuestra voluntad. Cualquier cosa que le pone freno es tiránica, fascista, sectaria, la naturaleza mismo lo puede ser... Además, disponemos de la generación mejor preparada de la Historia. ¿Quién ha podido presumir de algo así?

Desde nuestra superioridad moral juzgamos la Historia y emitimos condenas. ¡Incluso sancionamos mediante leyes lo que hicieron nuestros antepasados! Memoria histórica, lo llaman, consistente en borrar cualquier rastro que no concuerde con el discurso dominante. No es algo nuevo, pero sí desagradable.

Pero en fin, en nuestro tiempo creemos en la ciencia, esa que está por encima de todas las cosas y pone fin a las discusiones. Hoy leía una entrevista a Ernesto Cardenal en la que decía que “las religiones dividen a los pueblos y la ciencia no”. Vaya, qué curioso. En realidad la ciencia vive en una división interna continua, pues indagar supone estar dispuesto a cuestionar y eso hace que los científicos a menudo anden a la gresca entre ellos, pero eso no importa frente a un dogma, y el de nuestro tiempo es que ciencia progresa indefinidamente, como lo demuestra la multiplicación de artilugios. Es el triunfo de la técnica (espectacular, reconozcámoslo).

Pero algo escapa; queda fuera un no sé qué inquietante. No acabamos de estar satisfechos. A cada nuevo aparatito siempre nos parece que nos falta algo. ¿Qué será?

¿Y si el ser humano es algo más que un homo habilis? ¿Y si más allá de manejar maquinitas necesitáramos saber quiénes somos, para qué estamos aquí, qué sentido tiene todo esto?

Olvidémoslo. ¡La ciencia! ¡Que hable la ciencia! ¡Fuera prejucios! De acuerdo, que hable la ciencia:

La ciencia dice que desde el momento de la concepción hay una nueva vida, singular, única, de la misma especie que sus progenitores (esto no es una verdad de fe, ni un artículo religioso, ni fruto de la revelación, es pura y simple biología). Conclusión: provocar un aborto a una mujer es matar a un individuo de la especie humana, es decir, a una persona, sea en la semana uno de gestación o al noveno mes. Que matar a un inocente pueda ser visto como un derecho escapa al ámbito de la biología, no el hecho de en qué momento hay una nueva vida. Pero llamemos a las cosas por su nombre.

La ciencia dice que los hombres pertenecemos a una especie sexuada (como todos los mamíferos, dicho sea de paso), con dos sexos, hombre y mujer, y eso significa que existe una polaridad, una tensión y una mutua referencia estimulante, lo cual no sólo abarca el plano biológico, sino también el psicológico, el social, etcétera. Conclusión: No hay un tercer sexo, ni un cuarto, ni un duodécimo, ni una persona asexuada.

La ciencia constata que la naturaleza funciona con notable coherencia. No pone cerebros de oso en cuerpos de golondrinas ni sesos de hombres en cuerpos de mujer. Suena muy cartesiano eso del cuerpo por un lado y el alma por el otro, pero no es muy científico. Lo que sí puede haber es una afectividad alterada por múltiples razones (en casos extremos, incluso anatómicas). La realidad es compleja, y la humana más; no somos una ecuación. El recto sentido moral –aquí ya pasamos a otro plano- nos dice que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros, con respeto. Cada uno hacemos nuestra vida apechugando con nuestras deficiencias y como mejor sabemos, ninguno somos perfecto (por lo visto don Perfecto se murió). De hecho, el gran reto humano consiste, precisamente, en llegar a ser más desde nuestra circunstancia particular, con nuestros talentos y nuestras deficiencias.

Dicho lo cual, no se puede poner como modelo lo que es una deficiencia o una anomalía. Una persona puede nacer sin ojos y tendrá que encarar su vida de la mejor forma posible, quizá incluso con una brillantez que lo haga superior, pero no es legítimo que se dedique al proselitismo de la ceguera animando a la gente a extirparse los ojos.


Lo dejo aquí. Sólo lanzo al aire una par de preguntas para que cada cual se las conteste a sí mismo: ¿realmente nuestro tiempo está tan libre de prejuicios como afirma? ¿Somos dignos jueces de la Historia?

martes, 28 de febrero de 2017

Frente a los sembradores de hastío

"La mujer (corre el riesgo de)... hacer una de estas dos cosas o las dos juntas: imitar al hombre o rehuir al hombre. Son los dos escollos de las feministas. Esto es un tremendo error. Precisamente es una renuncia a la propia condición de la mujer".

"El entusiasmo hacia la mujer (...) Díganme ustedes: ¿existe socialmente el entusiasmo hacia la mujer? ¿Tienes ustedes, los hombres que me escuchan, repito, socialmente, entusiasmo hacia la mujer? Díganme las mujeres: ¿se sienten objeto de entusiasmo? (...) Me gustaría equivocarme pero yo creo que el entusiasmo hacia la mujer ha muerto hace bastantes años, ha desaparecido, y no quedan más que supervivencias individuales y excepcionales.
Esto es gravísimo. Y hay algo todavía más grave. No es ya que el entusiasmo por la mujer no exista; es que se quiere que no exista. Y donde quiera que aparezca una vislumbre de entusiasmo por la mujer, será perseguida, será zaherida, será hostigada, será, si es posible, exterminada":


Estas palabras fueron pronunciadas no hace unos días, ni unos meses, sino más de cuarenta años, en concreto en 1975 por don Julián Marías. (Para los interesados, minutos 14 y 20)


martes, 21 de febrero de 2017

El Clamor de Azorín



A José Martínez Ruiz lo conocemos como Azorín. La cuestión es, ¿lo leemos?

Este año se cumple el cincuentenario de su muerte, y mi amigo Manuel Real me invita a que escriba unas líneas a propósito del insigne escritor. Lo haré, pero para ello lo uniré al nombre de otro autor único cuyo octogésimo aniversario se cumplió el pasado año, me refiero al genio teatral Pedro Muñoz Seca.

Azorín había tenido una juventud exaltada, entregado a la publicación de artículos anarquistas y federalistas en los que atacaba instituciones como la familia o la propiedad. Su ardor llegó a tales extremos que fue expulsado del periódico republicano y anticlerical El País.

En su evolución política recabaría en las filas del Partido Federalista de Pi y Margall, para terminar en el Partido Conservador bajo la tutela de Antonio Maura y Juan de la Cierva, a quienes en el pasado había atacado y ahora elogiaba efusivamente.

Con la República retomó algunas ideas de su juventud pero lejos del sectarismo pasado. Al estallar la guerra civil se exilió a París para regresar definitivamente a España en 1941.

Yo me querría detener en momento anterior, en concreto en el año 1928 cuando se estrenó una obra teatral escrita junto a Pedro Muñoz Seca, autor de la inigualable La venganza de don Mendo. La obra conjunta llevaba por título El Clamor, cabecera de un imaginario periódico político que, falto de escrúpulos, pretendía incrementar su tirada a toda costa, recurriendo incluso a un simulado secuestro.

La obra produjo un notable revuelo en el gremio periodístico, hasta el punto de que la Asociación de la Prensa expulsó de su seno a Azorín sin darle la oportunidad de defenderse. Azorín publicaría un artículo lamentando la reacción inquisitorial y desproporcionada de sus atacantes. Quién iba a imaginar entonces las tragaderas que tendría que tener poco después el gremio de periodistas a causa de la Ley de Defensa de la República y posteriormente mediante la Ley de Orden Público de 1933. No digamos ya con el estallido de la guerra civil. Pero esa es otra historia.

Pedro Muñoz Seca moriría víctima de las sacas de las cárceles madrileñas en 1936 en Paracuellos de Jarama. El año pasado se inició su causa de canonización. Azorín fallecería en 1967. En los últimos tiempos se había entusiasmado por ese género que tanto debe al teatro y que no es otro que el cine. Y puestos a imaginar, por qué no soñar en que un día podremos ver en la gran pantalla la obra que aquellas dos plumas egregias de mirada perspicaz compusieron hace casi la friolera de 90 años: “Estreno: El Clamor. En los mejores cines”



martes, 14 de febrero de 2017

Depravadores

A veces tengo la impresión de que unos depravados han decidido dar carta de naturaleza a sus perversiones, y eso explica el rumbo de ciertas cosas. Lejos de luchar por superarlas pareciera que quieren arrastrar a la sociedad entera hasta el fango en que se sienten inmersos.

Todos portamos nuestras miserias, nuestra mayor o menor dosis de maldad. Pero cuando nos importan los demás luchamos por vencerla o, cuando menos, por evitar que les salpiquen a ellos.

Lo que convierte en depravados a esos otros es precisamente su afán ciego en contagiar sus demonios. De convertir en moneda de curso legal la maldad disfrazada. En que su condena sea nuestra condena. Son embajadores de la muerte y el dolor que enarbolan falsas banderas de vida y felicidad. Son la mentira. Son los nuevos amos.

lunes, 30 de enero de 2017

Bajo la máscara



"... es necesario desenmascarar a los que desenmascaran (...). Sigmund Freud nos ha mostrado la importancia del desenmascaramiento. Pero considero que en algún momento hay que detenerse, en el momento justamente en que el «psicólogo desenmascarador» se enfrenta a algo que ya no puede desenmascarar, por la simple razón de que es verdadero. El psicólogo que tampoco puede parar de desenmascarar en estos momentos, desenmascara tan sólo su propia e inconsciente tendencia a desvalorizar lo verdadero y lo humano del ser humano".

Viktor Frankl. Lo que no está escrito en mis libros

lunes, 23 de enero de 2017

Reseña de libros de Julián Marías (Parte 2)




Aquí llega la segunda parte de la reseña de libros de Julián Marías.

Los títulos que se sugieren en esta ocasión son:

- La educación sentimental

- Mapa del mundo personal

- Persona

Además de mencionar otras obras igualmente interesantes.

Y ya puestos a recomendar una biografía, ¿Por qué no Julián Marías. Retrato de un filósofo enamorado?

¡Bienvenidos a bordo una vez más, polizones!

viernes, 20 de enero de 2017

Reseña de libros de Julián Marías (Parte 1)




Estimados amigos:

Me complace ofreceros una reseña hablando de alguno de los libros escritos por don Julián Marías.

En este caso nos referimos a:

- Cervantes, clave española

- España inteligible. Razón histórica de las Españas.

Lo mejor: que os animéis a leerlos.

Saludos marineros.

viernes, 13 de enero de 2017

A las órdenes del resentimiento



Decía Ortega y Gasset que “siempre que vean ustedes algo monstruoso, platos de ternera sin ternera, cuchillos sin hoja ni mango, busquen alrededor y encontrarán seguramente un intelectual resentido”.

La cosa no tendría mayor alcance si el resentido en cuestión no hallara eco para su frustración. Si su acción quedase en un patético gesto reconocido por el común de los mortales como lo que es, un absurdo.

Desgraciadamente hay épocas en que la mentira cotiza al alza y la verdad se devalúa a tal extremo que es la única opción censurable. La nuestra parece ser una de ellas. La fuerza de la propaganda y el miedo a ser señalado por salirse del discurso dominante se encargan de asegurar el éxito del embustero.

Hoy es considerada una actitud “ultra” defender que hay una nueva vida en el momento de la concepción, cuando dicha afirmación no tiene una génesis religiosa o moral, sino estrictamente biológica. Claro que el “problema” de dicha constatación es que se deberían derivar consecuencias éticas, lo cual nos obligaría a cambiar algunas pautas importantes de nuestro comportamiento, cosa a la que no estamos dispuestos.

También en siglos pasados se consideró infrahumanos a los esclavos de forma que pudiera soportarse el orden social en su trabajo. Hoy nos escandalizamos desde nuestra “superioridad moral”.

Se puede hacer una costosa campaña para implantar la idea de que “hay niñas con pene y niños con vulva” sin que cause rubor. Claro que el coste mayor de la campaña no es el económico, sino el personal. Precisamente el daño que se hace a los verdaderos niños y niñas a los que se corrompe con tamaño despropósito. Mientras, la mayor parte de la sociedad calla cuando no aplaude. La evidencia es una incómoda presencia a la que es mejor no mirar.

Va siendo hora de recordar algunas cosas, como que los gallos no ponen huevos, las ranas no tienen pelo ni las niñas colita, y, sobre todo, el mundo está mucho mejor hecho de lo que algunos parecen creer.

jueves, 5 de enero de 2017

Regalo de Reyes: la reseña de "El diablo es conservador" de Alejandro Llano



Amigos, os quiero hacer un regalo de Reyes especial. Por eso he hecho la reseña de un libro particularmente atractivo, me refiero a "El diablo es conservador", del filósofo Alejandro Llano. En él aborda algunas de las principales claves de nuestro tiempo.

¡Felices Reyes Magos!

domingo, 1 de enero de 2017

¡Feliz 2017!



No se me ocurre mejor forma de felicitar el año que recomendando un buen libro (si pudiera regalarlo a todos sería la bomba, pero soy de infantería y no de artillería...), así que aquí os ofrezco el último vídeo de Filosofía para náufragos.

¡¡¡Feliz 2017!!!